Sobre mí

Empresario e inversor.

Llevo más de quince años invirtiendo y ocho gestionando proyectos y activos inmobiliarios. Hoy gestiono más de 150 propiedades y tengo negocios fuera del ladrillo. Tardé años en llegar hasta aquí, y por eso enseño. Con criterio y constancia, esto lo puede hacer cualquiera. Lo que me gusta es ver a alguien cambiar su forma de vivir porque ha aprendido a decidir por su cuenta.

Julio Clavero
+15 añosinvirtiendo
+8 añosgestionando activos
+150propiedades gestionadas

Cómo empecé

Empecé antes de tener nómina

No invertí mi primer sueldo. Invertí una pensión que cobraba desde niño y que mis abuelos, en lugar de gastarla, fueron metiendo mes a mes en un fondo hasta que tuve edad de decidir.

Mi primera lección de interés compuesto no la aprendí en un libro ni la tomé yo. La tomaron ellos por mí, aportación a aportación, durante años. Cuando me llegó el dinero ya no era la pensión, era bastante más.

Julio con su abuela

A los veintidós me compré un coche nuevo. Deportivo, con el paquete completo. Fue la mejor inversión que he hecho en mi vida, y no porque me diera dinero. Me lo quitó todos los meses. Aprendí lo que cuesta un capricho pagando la factura entera, y no se me ha olvidado.

A los veinticuatro se me acababa la pensión que me pagaba los estudios. Con lo que quedaba compré un piso al lado de la universidad. Me fui a vivir a él y alquilé las habitaciones que me sobraban. Dejé de pagar alquiler y encima entraba dinero. Cuando empecé a trabajar como ingeniero lo mantuve alquilado, y entre esas rentas y mi sueldo salió el ahorro para el siguiente.

Julio en la planta de producción

En 2015 me compré una casa para vivir y estuve años bloqueado sin poder comprar nada más. En 2023 me fui de alquiler y puse esa casa a generar ingresos. A partir de ahí empecé con edificios pequeños y viviendas, y así hasta hoy, con cuarenta años recién cumplidos y más de veinticinco inmuebles en cartera privada.

No hay ningún golpe de suerte en esta historia. Hay un error caro a los veintidós, una decisión razonable a los veinticuatro y quince años haciendo lo mismo.


Cómo invierto

Compra activos, no apariencias.

Casi todo lo que compramos nos quita dinero todos los meses. El coche, el reloj, la casa más grande de la que necesitas. A eso lo llamo apariencias. Un activo hace justo lo contrario, te paga, y por eso compro solo si genera cashflow estable y no por una promesa de revalorización que igual llega e igual no.

Julio analizando una operación

Al principio prefería diez pisos que dejaran 100 € al mes antes que uno que dejara 1.000 €, porque quería diversificar y dormir tranquilo. Con la cartera ya hecha, el trabajo es otro. Ahora reordeno, y muevo el capital hacia donde mejor cashflow deja. Sigo diversificado de sobra, pero cada inmueble tiene que ganarse su sitio.


Mis negocios

No todo es ladrillo

Tener varias empresas no me quita foco, cada una tiene su equipo y sus socios. De ahí salen el capital y buena parte del criterio. Llevar negocios que dan trabajo a gente te enseña lo que cuesta generar cada euro, y eso cambia la forma de mirar una compra.

Empezó en 2017 con la casa de Borja, mi socio y mi mejor amigo. Un piso viejo que reformamos y pusimos en alquiler turístico. Funcionó, y el boca a boca hizo el resto.

Llegamos a sesenta y tantos inmuebles, la pandemia nos dejó prácticamente a cero y volvimos a levantarla. Hoy gestiona más de 150 viviendas con más de diez personas en plantilla y más de cuarenta trabajando de forma indirecta.

Llegué a ella analizando los números para un cliente extranjero que buscaba negocio en España. Él la descartó, no era un sector en el que se viera invirtiendo. Yo miré los mismos números y la compré, porque en ese momento rentaba más que las operaciones inmobiliarias que tenía sobre la mesa.

También pesó que conocía bien esos helados y me gustaban de verdad, y que el negocio me dejaba seguir usando lo que había aprendido en mi etapa de ingeniero. El criterio es el mismo; cambia el activo.



He hecho bien mi trabajo el día que dejas de necesitarme.